El turismo global enfrenta un reto ambiental crítico ya que sus emisiones de gases de efecto invernadero crecieron un 3,5% anual entre 2009 y 2019 que, en los doce meses previos a la pandemia, representó cinco gigatoneladas que equivalieron al 8,8 % de las emisiones de todo nuestro planeta.
Un estudio publicado en la revista especializada Nature Communications reveló que este crecimiento supera al progreso del Producto Bruto Interno (PBI) mundial que experimentó un progreso del 1,5% anual en el mismo período.
La aviación, responsable del 21% de las emisiones turísticas, lidera el ranking de causantes de impacto ambiental negativo, seguida por vehículos a combustión (17%) y servicios eléctricos (16%). Si bien se registraron avances tecnológicos, no contrarrestaron la creciente demanda, evidenciando la urgencia de implementar soluciones sostenibles.
El estudio propuso cuatro líneas de acción clave:
- Medición de emisiones: identificar los sectores más contaminantes y reducir las emisiones en un 10 % anual hasta 2050.
- Control del desarrollo turístico: establecer límites sostenibles de crecimiento y definir metas claras de descarbonización, especialmente para los 20 países más emisores.
- Promoción del turismo local: priorizar viajes nacionales y de corta distancia, desincentivando vuelos de largo alcance mediante regulación de la demanda.
- Equidad global: integrar los costos sociales del carbono y fomentar una distribución más equitativa en el crecimiento del turismo.
Con las emisiones proyectadas a duplicarse cada veinte años, las acciones inmediatas son cruciales. Los expertos destacan la necesidad de reducir un 42% de las emisiones globales en 2030 para cumplir con el Acuerdo de París.
Incluir al turismo en discusiones internacionales, como la COP29, sería un paso fundamental. Sin embargo, solo con políticas efectivas y prácticas responsables se podrá mitigar el daño ambiental de esta actividad, que continúa expandiéndose a un ritmo insostenible.